Preparando el tradicional guiso popular con el que celebramos, cada año, la Fiesta de nuestra Constitución en la plaza Mayor. Un guiso que «compartimos todos en igualdad» y quiere representar esa pluralidad de cada uno en una

Llegamos al cuadragésimo cuarto aniversario de nuestra Carta Magna, el instrumento legal de más alto rango dentro de nuestro ordenamiento jurídico y que tiene la grandeza de hacer posible la convivencia democrática y en paz de nuestra Nación.

Sin duda, la onomástica de nuestra Constitución es la Fiesta más importante de nuestro calendario nacional, pues es ella la que hace posible y da cabida a la enorme diversidad de libertades de las que gozamos, hoy en día, los españoles y eso es posible porque, entre otras cosas, el pueblo español, como poder soberano, organiza dicha convivencia y muestra una férrea voluntad de concordia.

Hoy quiero dirigirme a los más jóvenes, a aquellos ciudadanos que nacieron después de su refrendo y que solo han conocido nuestro Estado en Democracia y no han tenido la oportunidad de contrastar la diferencia que existe entre esta forma pacífica de convivir y en la que caben todas las opciones de pensamiento, tanto religioso, como político y social, respetando las opciones personales de cada uno de nosotros y la de un régimen totalitario y excluyente.

Quiero dirigirme a vosotros para hablaros de un principio que no está recogido como tal en su contenido, porque no se trata de un principio orgánico u organizador, pero fundamental a la hora de marcar dicha convivencia y que se revela en todo el recorrido de su construcción y aceptación por todos nosotros y es el de la Voluntad.

La Voluntad de querer entenderse, de querer respetarse y de querer aceptarse, con todas nuestras diferencias, convicciones, inquietudes y dudas. La Voluntad de querer darse un país donde cada uno pueda ejercer con total libertad su modelo de vida, sin más límite que el respeto a los derechos de los demás y con la obligación de contribuir en la medida de nuestras capacidades a la construcción este extraordinario país que es nuestra querida España.

Así lo entendieron los llamados “padres de la Constitución”, un representativo grupo de las mayorías políticas de aquella época que contribuyeron con su esfuerzo, su conocimiento y sobre todo con la Voluntad de construir una estructura social que fuera capaz de contener y albergar la enorme riqueza histórica y cultural de todas sus regiones y lo más importante, la de todas sus gentes. La de todos nosotros que convivimos en paz y con el respeto hacia el que piensa diferente a nosotros y así lo entendió una inmensa mayoría de los españoles que, mayoritariamente y no sin cierto entusiasmo, refrendaron con su voto estas básicas reglas de juego que son capaces de vertebrar esa rica amalgama de valores inmateriales de las que está lleno nuestro país.

Buena prueba de ello es el amplio abanico de colores que forman las banderas de las 17 comunidades y dos ciudades autónomas que conforman España, hoy colocadas en el balcón de nuestro Ayuntamiento, presididas por encima y superiormente, sin disimulado orgullo y en un lugar principal por la bandera de nuestra Nación.

Cada una de ellas representa con el mismo rigor y nivel, sin ningún tipo de jerarquía entre ellas como corresponde al principio de Igualdad, que es uno de los pilares fundamentales de nuestro Estado constitucional y de cada uno de los ciudadanos de nuestras regiones. Todas ellas son el símbolo de lo que significa un Estado orgánico con una extraordinaria particularidad territorial, la autonomía de cada una de las regiones, algo inaudito en el panorama internacional y que dibuja esa particularidad que significa España, que entendió como diferenciarse de la rigidez del federalismo europeo y supo encontrar y encajar las legítimas aspiraciones del regionalismo histórico de los pueblos españoles.

Un Estado complejo, pero en esa variedad, inmensamente rico en matices y al que inevitablemente y por eso precisamente, terminamos por amar.

Y entre las banderas, el homenaje a un país que está sufriendo una cruenta invasión, algo que nos parecía imposible en la moderna Europa. A media asta ondea desde que fue invadida Ucrania, la bandera de ese país centroeuropeo como homenaje y apoyo al sufrimiento que padece la población ucraniana y que nos recuerda lo frágil que puede llegar a ser esta Paz que creemos indestructible y que se mantiene sin ningún tipo de esfuerzo por si misma y  que nos recuerda la necesidad de construirla día a día con esa Voluntad con la que nació y debe desarrollarse nuestra Constitución.

La Paz, se labra día a día, enfrentándose sin descanso a las amenazas insensatas de quien a través de la violencia y la provocación trata de desestabilizar la convivencia democrática. Estamos equivocados si creemos que sin hacer nada, sin luchar y sin trabajar y que sin defender con convicción el respeto dentro del legítimo enfrentamiento político que no debe, ni puede ir más allá que la exposición de ideas, la convivencia y la paz se dan sin más.

Este es el mensaje que quiero hoy enviar a todos y, especialmente, a esos jóvenes que se encontraron con un país recién nacido a la experiencia democrática y que pueden creer que es resultado del estado natural de las cosas, sin percatarse de la necesidad de que es obligado defender la Paz y la convivencia continuamente.

Es esa defensa diaria de la convicción democrática, de incluso llegar a aceptar en el espacio político a aquellos que tratan de romper este orden democrático con opciones totalitarias y negando la existencia de esa riqueza multicultural histórica, donde se gesta, se alimenta y se renueva la verdadera defensa de la Libertad con mayúsculas que garantiza un saludable sistema en el que la Democracia, partiendo de la Igualdad de todos ante el Derecho, como el primer principio fundamental de nuestro sistema de convivencia, garantiza ese pluralismo social y político en el que queremos y exigimos vivir todos los españoles.

En el cuadragésimo cuarto aniversario de nuestra Constitución, quiero hacer una llamada a todos y especialmente a esos jóvenes que al principio mencioné.

Mi loa por una España plural y enormemente rica, por todas sus gentes y sus culturas, por todos sus pueblos y su Historia, por todo ello, por todos nosotros:

Viva la Constitución. Vivan nuestras regiones y sus gentes.

¡Viva España!

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